
La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) surgió de manera simultánea a la Escuela de Música, el 25 de abril de 1952, bajo la dirección del maestro José Rodríguez Frausto, convirtiendo a la Universidad de Guanajuato en la primera institución universitaria mexicana en contar con una agrupación sinfónica.
En sus inicios estuvo constituida por 40 músicos de la localidad, y desde su fundación importantes solistas y directores, nacionales y extranjeros, han colaborado con ella en sus temporadas de conciertos: Enrique Bátiz, Eduardo Mata, Enrique Diemecke, Kurt Pahlen, Kurt Redel, Leif Segerstam, Neeme Järvi, Fernando de la Mora, Ramón Vargas, Dmitri Hvorostovosky, entre otros.
La ductibilidad y solvencia con que la OSUG aborda los más diversos repertorios y retos musicales, así como su compromiso con la difusión del repertorio mexicano, le han valido ser constantemente requerida en los principales festivales y foros sinfónicos nacionales, además de fungir como orquesta residente del Festival Internacional Cervantino.
La OSUG ha realizado a lo largo de los años numerosas labores que van más allá de las tradicionales temporadas de conciertos, ya que de sus filas han florecido agrupaciones como un Quinteto de Maderas, un Quinteto de Metales, un Ensamble de Percusiones, el Cuarteto Clásico y una Camerata.
Con miras a consolidarse como uno de los mejores ensambles del país, a partir de 2005 nombró al maestro Enrique Bátiz Campbell, artista reconocido internacionalmente por su inquebrantable disciplina y excelencia profesional, su Director Invitado y Asesor Musical.
Enrique Bátiz ha forjado su imagen propia, primero como pianista, después como director, siempre como mexicano, en calidad de ciudadano del mundo.
Se ha nutrido en su carácter de director huésped, de las orquestas Filarmónica y Royal Philharmonic, de Londres, y la Filarmónica de México, y en su faceta de director invitado, de la Orquesta de la Universidad de Guanajuato. Actualmente es director de la Orquesta Filarmónica del Estado de México, y es uno de los directores mexicanos con mayor número de grabaciones.
Cuando logró crear la Orquesta Sinfónica del Estado de México, Enrique Bátiz inició el más arduo de los caminos, que era el de mantenerla, y propiciar su superación. Así, ha logrado llevar a la OSEM, y con ella, a la música mexicana de concierto, a públicos tan disímbolos como los de China y Alemania; París y Varsovia; o a los aparentemente cercanos, como son los de ciudades de España y Estados Unidos.
Bajo las actividades del 35 Festival Internacional Cervantino, la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), y el Coro de la Orquesta Sinfónica del Estado de México unirán su calidad artística al interpretar obras de Gustav Mahler y Johann Sebastian Bach, haciéndose acompañar por músicos de la talla de John Birch -renombrado recitalista y organista-, Jesús Suaste -uno de los más importantes cantantes de nuestro país-, Eugenia Garza -quien a cantado junto a Placido Domingo-, entre otros.
Bajo la batuta del maestro Enrique Bátiz, la OSUG encabezará un par de programas con dos grandes obras de estilo religioso. El primer día, en el Teatro Juárez, se interpretará la Sinfonía No. 2 en Do menor, Resurrección, para soprano, contralto y coro mixto, de Mahler; y el segundo día, en el Templo de la Compañía, la Misa en Si menor, para solistas, coro mixto y orquesta BWV232, de Bach.
La obra de Mahler, Resurrección, creada en 1894, fue estrenada con dirección del mismo autor, el 13 de diciembre de 1895, en Berlín. Es una pieza maestra de gran impacto y un testimonio de los conflictos que enfrentaba Mahler frente al gran enigma de la vida: la muerte. Integrada por cinco movimientos, inicia con una sinfonía de carácter fúnebre, y los movimientos centrales son un camino dramático y progresivo hacia la resurrección, donde el personaje recuerda pasajes de su vida terrenal y lucha contra su falta de fe en sí mismo y en Dios.
Acerca de la Misa en Si menor de J. S. Bach, se puede decir que es la obra cumbre del Barroco. Bach empleó cerca de 30 años de su vida, para componer dos horas de música, por lo que sus partes acusan ciertas diferencias de estilo. Sin embargo, aunque gran parte de los componentes de la Misa pudieron haber sido interpretados en los servicios religiosos de Leipzig, Bach jamás llegó a dirigir ninguna presentación de la obra.
Por ironías de la historia, fue hasta despúes de un siglo de su muerte, que se le consideró la mayor composición musical de todos los tiempos y de todo el mundo. Esta obra monumental fue dedicada a Federico Augusto II de Dresden, en 1733, y se le clasifica dentro de lo mejor de la música sacra que Bach compuso en los últimos años de su vida.
Los conciertos serán el 7 de octubre, en el Teatro Juárez, y el día 19, en el Templo de la Compañía, dentro de las actividades del 35 Festival Internacional Cervantino.




















