Con movimientos simples y refinados, Yoshiya Yamamoto, Izumi Masumura y su hijo Hisui, integrantes de la compañía de marionetas japonesa Kawasemi-za, demostraron que para seducir la mirada infantil no es necesaria la parafernalia de la multimedia ni la saturación audiovisual. Sólo basta con el deseo de compartir una parte del ser y contar con la creatividad y habilidad suficientes para lograr que la frialdad estática de unos muñecos de madera, se transforme en una suerte de sentimientos que van de la alegría a la ternura.
El duende de 22 centímetros fue la sensación entre el público asistente
Con movimientos simples y refinados, Yoshiya Yamamoto, Izumi Masumura y su hijo Hisui, integrantes de la compañía de marionetas japonesa Kawasemi-za, demostraron que para seducir la mirada infantil no es necesaria la parafernalia de la multimedia ni la saturación audiovisual. Sólo basta con el deseo de compartir una parte del ser y contar con la creatividad y habilidad suficientes para lograr que la frialdad estática de unos muñecos de madera se transforme en una suerte de sentimientos que van de la alegría a la ternura.
